La violencia de género es una problemática social que afecta a personas en todo el mundo.
El daño y las secuelas psicológicas derivadas de esta forma de violencia son profundas y duraderas, dejando cicatrices invisibles en las víctimas, pero igualmente dolorosas.
En este artículo, vamos a hablar, entre otras cosas, acerca de qué es la violencia de género, por qué se caracteriza su ciclo destructivo, cuáles son las diferencias que existen entre la violencia psicológica y física o que daño psicológico se produce con mayor frecuencia.
Por último, también hablaremos de cómo un informe pericial de secuelas psicológicas puede ser fundamental para demostrar la existencia de la violencia de género.
Las Naciones Unidas define la violencia de género como todo acto de violencia dirigido hacia la mujer, por el hecho de serlo, que resulte, o pueda tener como resultado cualquier daño físico, sexual o psicológico,
Así, es importante destacar que cuando hablamos de violencia de género no hablamos, simplemente, de un acto aislado, sino que nos referimos a la existencia de un patrón sistemático y continuo que busca ejercer control y poder sobre la víctima.
Como veremos, este tipo de violencia puede manifestarse de diferentes formas, desde agresiones físicas hasta abusos psicológicos y emocionales.
En cualquier caso, la principal característica de la violencia de género es su naturaleza asimétrica, ya que está basada en desequilibrios de poder entre los miembros de la pareja.
Así, las víctimas de violencia de género suelen enfrentar situaciones en las que sufren maltratos y vejaciones continuadas, fundamentalmente dentro del ámbito privado o familiar.
También es importante destacar que la violencia de género no distingue edad, raza ni posición social.
Ese tipo de violencia, como cualquier otra, puede afectar a cualquier mujer sin importar su condición económica o nivel educativo. Además, esta problemática trasciende fronteras geográficas y culturales, estando presente en todo el mundo.
Para combatir este problema social es fundamental comprender los diferentes aspectos que la conforman: desde sus causas, hasta las consecuencias devastadoras para quienes la sufren.
Como veremos, la violencia de género no solo tiene repercusiones inmediatas para las víctimas, sino también secuelas psicológicas duraderas, tanto para ellas, como para los menores que se encuentran a su cargo.
El ciclo de la violencia de género es una dinámica que se repite constantemente en las relaciones abusivas.
Se trata de un patrón de comportamiento, conceptualizado por la psicóloga americana Leonor Walker, en la década de 1970, que mediante la utilización de la teoría del aprendizaje social trató de explicar cuáles eran las características de los patrones de comportamiento presentes en las relaciones interpersonales abusivas.
Así, esta conceptualización se fundamenta en la idea de que este tipo de relaciones, una vez establecidas, se caracterizan por la presencia de un patrón repetitivo de abuso, ya sea emocional, psicológico o físico que puede dar lugar, en la víctima, a una situación de indefensión aprendida.
Este patrón puede ser difícil de identificar, ya que comienza con señales sutiles y aumenta gradualmente de intensidad, pudiéndose diferenciar, dentro de él, una serie de etapas o fases características.
En primer lugar, está la fase de tensión, donde se producen pequeñas discusiones y conflictos. La víctima intenta evitar problemas y busca calmar a su agresor. Sin embargo, estas tensiones continúan acumulándose hasta llegar al punto crítico.
Posteriormente acontece la fase de explosión, momento culminante del ciclo. Aquí es cuando se produce el acto violento físico o psicológico más evidente. El agresor descarga su ira, frustración y agresividad sobre la víctima, pudiendo llegar a desarrollar una violencia más o menos intensa dependiendo de las circunstancias concretas de cada caso y momento.
Después sigue la fase de arrepentimiento o reconciliación. El agresor muestra remordimiento por sus acciones e incluso promete cambiar su comportamiento abusivo. Puede pedir perdón sinceramente o hacer promesas para convencer a la víctima de no abandonar la relación.
Sin embargo, esta etapa no dura mucho tiempo antes de regresar al inicio del ciclo: la fase de tranquilidad aparente. Durante este periodo aparentemente pacífico, el agresor muestra un comportamiento amable hacia su pareja para mantenerla cerca y asegurarse así su control.
Es importante conocer la naturaleza de este ciclo característico de todas las relaciones abusivas y, entre ellas, de las relaciones de violencia de género.
Su comprensión es fundamental para poder detectar los signos tempranos de violencia y poder buscar ayuda lo antes posible.
Además, su conceptualización es también importante cuando se realizan informes periciales psicológicos de violencia de género, a través de los cuales se analizan las dinámicas relacionales existentes en la pareja para analizar si estas se encuentran caracterizadas por el mencionado patrón de abuso repetitivo.
La violencia de género puede manifestarse de diferentes formas, y dos de las más comunes son la violencia psicológica y la violencia física.
Ambos tipos de violencia tienen un impacto devastador en las víctimas, causando daño y secuelas psicológicas que pueden perdurar por mucho tiempo.
La violencia psicológica se produce a través del control, la manipulación y el maltrato emocional. Puede incluir insultos constantes, humillaciones públicas, amenazas verbales o intimidación constante. Este tipo de violencia afecta directamente a la autoestima y al bienestar mental de las víctimas.
Por otro lado, la violencia física implica agresiones físicas como golpes, patadas o cualquier forma de contacto corporal violento. Estas agresiones pueden causar lesiones graves e incluso poner en peligro la vida de las víctimas.
Es importante entender que tanto la violencia psicológica como la física son igualmente dañinas y no deben subestimarse ni justificarse bajo ninguna circunstancia. Ambos tipos de violencia atentan contra los derechos humanos fundamentales y tienen capacidad para causar daño psicológico en las personas que la sufren.
Como veremos en los siguientes apartados del presente artículo, en casos de violencia de género donde se han producido episodios de violencia física y/o psicológica, puede ser fundamental poder contar con un informe pericial psicológico que documente y objetive, científicamente, estas circunstancias.
El informe pericial psicológico de secuelas de violencia de género puede ayudar a demostrar la existencia, sobre todo, de violencia psicológica. Que es aquella que por su naturaleza resulta más difícil de demostrar, al ser menos visible a los ojos de personas externas a la relación abusiva.
En este sentido, como detallaremos, el peritaje psicológico juega un papel muy importante para poder probar, ante el sistema judicial, cual ha sido el alcance real del daño y las secuelas psicológicas sufridas por las víctimas, tanto de violencia física como psicológica.
Como venimos desarrollando a lo largo de este artículo, la violencia de género es un problema presente en todo el mundo y, naturalmente, España no es una excepción.
Según datos del Ministerio de Igualdad, solo en el año 2020 se registraron más de 80.000 denuncias por violencia de género. Esto significa que cada día, decenas de mujeres denuncian agresiones físicas y psicológicas por parte de sus parejas o exparejas.
Además, hay que tener en cuenta que muchas víctimas no denuncian por miedo o vergüenza, lo cual hace pensar que las cifras podrían ser más altas.
Por otro lado, la Delegación del Gobierno contra la violencia de género , a lo largo de este último año, ha informado de que el número de mujeres asesinadas por violencia de género desde 2003 hasta diciembre de 2023 es de 1.236, así como que el número de menores de edad huérfanos o huérfanas desde 2013 hasta la mencionada fecha asciende a 431.
Pero más allá de las meras cifras, es importante recordar que detrás de cada número hay una historia real, con un sufrimiento humano inimaginable.
Por eso es necesario seguir trabajando como sociedad para conseguir la máxima erradicación posible de todo tipo de violencia, incluyendo la violencia de género.
En este sentido es importante recordar que, más allá de las políticas públicas puestas en marcha para intentar proteger a las víctimas y prevenir este tipo de violencia, todos podemos contribuir desde nuestros diferentes ámbitos para construir una sociedad libre de violencia de género.
La ley de violencia de género en España, fue promulgada en el año 2004 como un marco legal diseñado para proteger a las mujeres víctimas de este tipo de violencia.
Esta legislación parte de la premisa de que la violencia de género no es un problema individual, sino una manifestación de desigualdad estructural entre hombres y mujeres. Por tanto, busca prevenir, sancionar y erradicar cualquier forma de agresión física, psicológica o sexual dirigida hacia las mujeres por parte de sus parejas o ex parejas.
Entre las medidas establecidas por esta ley se encuentran la creación de Juzgados especializados en violencia sobre la mujer servicios sociales específicos para atender a las víctimas y programas educativos destinados a fomentar relaciones igualitarias desde edades tempranas.
Es importante destacar que esta legislación también contempla medidas preventivas como órdenes de protección que garantizan la seguridad de las víctimas y sus hijos/as.
Además, incluye mecanismos para favorecer su recuperación integral mediante el acceso a recursos económicos, asistencia jurídica gratuita y apoyo psicológico especializado.
Como mencionábamos anteriormente, la violencia de género puede tener consecuencias devastadoras para las víctimas, tanto físicas como psicológicas, pero en este artículo nos vamos a centrar específicamente en el daño o secuelas psicológicas que causa la violencia de género.
En este sentido, lo primero que tenemos que tener claro es que cuando una mujer es víctima de violencia de género, sufre un daño profundo en su salud mental y emocional.
La humillación, control y manipulación por parte del agresor generan sentimientos de miedo, ansiedad y baja autoestima.
Además, la vivencia de violencia física y/o psicológica puede dar lugar a la aparición de diferentes trastornos psicológicos, entre los que encontramos:
Trastorno de Estrés Postraumático: caracterizado por la presencia de síntomas persistentes asociados a la situación traumática tales como recuerdos intrusivos, flashback, evitación de estímulos relacionados con ella, cambios en el estado de ánimo, etcétera.
Su duración es mayor a un mes y causa un malestar clínicamente significativo a la víctima, dificultándole desarrollarse plenamente en sus diferentes contextos vitales.
Trastorno de Estrés Agudo: con las mismas características que el Trastorno de Estrés Postraumático, salvo su duración, que es inferior a un mes.
Depresión: trastorno del estado de ánimo caracterizado por una tristeza persistente, pérdida de interés o placer en actividades antes disfrutadas y una serie de síntomas que afectan negativamente el funcionamiento diario de la víctima.
Este cuadro psicopatológico va más allá de las variaciones normales del estado de ánimo y puede manifestarse de diversas maneras, incluyendo cambios en el apetito, problemas de sueño, fatiga, dificultades para concentrarse y/o sentimientos de desesperanza, entre otros.
Ansiedad generalizada: cuadro sintomatológico caracterizado por la presencia de una preocupación excesiva y persistente sobre diversos aspectos de la vida cotidiana, incluso cuando no hay motivos evidentes para ello.
Las víctimas con este trastorno suelen experimentar síntomas como inquietud, fatiga, irritabilidad, dificultad para concentrarse y/o problemas para conciliar el sueño, entre otros.
Trastorno Adaptativo: condición psicopatológica caracterizada por la presencia de síntomas emocionales o comportamentales significativos en respuesta a factores de estrés identificables.
Estos factores estresantes pueden incluir eventos como cambios en las condiciones de vida, situaciones traumáticas (como la violencia de género) o desafíos significativos.
A diferencia de otros trastornos mentales, el trastorno adaptativo se distingue por la temporalidad de los síntomas, ya que se espera que estos disminuyan o desaparezcan una vez que cese el factor estresante.
En cualquier caso, aunque estos trastornos mentales sean los que la investigación ha señalado como secuelas más frecuentes asociadas a la vivencia de violencia de género. No podemos dejar de resaltar que cada víctima puede desarrollar una sintomatología diferente.
Además, sabemos que el daño psicológico puede constituirse como lesión o secuela psicológica, dependiendo de las circunstancias individuales presentes en cada caso.
Por esta razón, es fundamental que sea un perito psicólogo quien valore todas estas circunstancias, elaborando así un informe pericial psicológico que evalúe los efectos concretos sobre la salud mental que ha tenido la situación de violencia de género para cada víctima en concreto.
Así, el peritaje podrá proporcionar pruebas objetivas sobre el estado psicopatológico de la víctima, lo cual resulta de gran ayuda para probar los hechos, obtener justicia, protección legal y solicitar la correspondiente indemnización por daño moral.
Como venimos desarrollando, el informe pericial psicológico de secuelas de violencia de género es una herramienta de gran utilidad para objetivar y documentar las consecuencias psicológicas que ha sufrido la víctima como resultado de la situación de violencia de género.
Así, el peritaje psicológico busca recopilar evidencia científica y objetivar la presencia de trastornos mentales causados por la situación de victimización vivida. De esta forma, se constituye como un elemento probatorio que respalda y valida los testimonios y declaraciones de la víctima.
Además, a diferencia de cualquier informe psicológico clínico, el informe pericial psicológico analiza y descarta que la sintomatología que presenta la víctima esté causada por otras circunstancias ajenas a los hechos denunciados, estableciendo una relación de causa – efecto entre el daño psicológico y la situación de violencia de género que va a ser juzgada.
Por otro lado, a través de esta evaluación rigurosa, el perito psicólogo puede también descartar que la persona que está denunciando los hechos, haya intentado simular o exagerar su sintomatología. Permitiendo así al Juez descartar todas aquellas hipótesis que ha de ponderar antes de emitir una sentencia condenatoria.
Así, los profesionales de la psicología forense encargados de realizar estos informes periciales, llevan a cabo su labor utilizando diferentes técnicas y pruebas psicométricas validadas científicamente para determinar el alcance y la gravedad del daño emocional causado por la situación de violencia de género.
Todo ello permite, en primer lugar, probar los hechos denunciados y, además, fundamentar cual ha de ser la indemnización económica que ha de recibir la víctima en relación al daño moral sufrido.
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